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Revista 22

RECORDANDO A PIQUERAS

  • III Época
  • Diciembre 2009
  • Por Aspas Manchegas
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Ahora que hace el 50 aniversario de la muerte de mi abuelo (+ 26/10/1959), yo que tengo 36 años, poco puedo decir de la persona, aunque sí del personaje.

Para mí es un orgullo ser nieto de una persona que tuvo la capacidad de participar en la creación de una asociación cuyos valores eran la conservación del patrimonio más significativo de la Mota tanto en la preservación del monumento como en lo que representaba.

Es verdad, que los años en los que se fundó la Asociación no debieron ser años fáciles para dedicarse a conseguir fondos para restaurar unos molinos que poco tenían de prácticos y donde el "estado de bienestar" aun pasaría tiempo hasta que fuera una realidad en este país.

Reconozco que la versión que tengo sobre el hecho de la fundación y lo que ocurrió es totalmente subjetiva, pero quiero que vaya por delante que lo hago con la mayor de las ilusiones, respeto y admiración.

¿Qué pudo hacer que un grupo de personas en la España de los 50 tuvieran el empuje inicial de reconstruir los 33 molinos que en tiempos hubo en la sierra?

Sé que la idea que movió la fundación de la Asociación no tiene un anecdotario espectacular ni oculto, más bien fue la inquietud de un grupo de amigos por transmitir a las futuras generaciones lo que ellos consideraban como un bien común y simbólico del pueblo. Hay que decir que se ha cumplido, pues hoy, transcurridas un par de generaciones, ese espíritu que aún sigue intacto y tenemos la obligación de perpetuarlo.

En esta época tan difícil, como he dicho antes, no era fácil para obtener aportaciones económicas destinadas a la reconstrucción de monumentos que no tuvieran una utilidad práctica, por lo que inicialmente, y así lo persiguió mi abuelo hasta el final de sus días, la consigna era obtener dichos fondos ideando un sistema donde cada país se encontrase representado en la sierra de los molinos financiando la reconstrucción de uno de ellos hasta llegar a la cifra de 33. Se enviaron cartas a cientos de Embajadas, todas ellas contestaron con mejores o peores noticias y el primer país representado (y que puso el dinero para la reconstrucción, claro) fue finalmente Austria, comenzando así una andadura con mayor o menor fortuna que ha llevado hasta la reconstrucción de los molinos que actualmente hay en la sierra.

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