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Revista 22

OSKAR Y LA MANCHA

  • III Época
  • Diciembre 2009
  • Por Aspas Manchegas
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Para mí, hablar de Oskar Dignoes es recordar una época feliz de mi vida y, por tanto, sumamente agradable.
Quizá, ahora que ya nos ha dejado (falleció el 13 de febrero) las vivencias salen a la memoria y las emociones a flor de piel.

Aquel " caballero andante" que, aunque austríaco de nacimiento, quiso ser Quijote por vocación nos dejó la impronta del hombre observador, culto, cercano, sencillo y siempre con la mano tendida y el abrazo pronto, dispuesto a dar ese don precioso: ser amigo.

Sería muy difícil, por su complejidad, decir todo lo que hizo Oscar por la Mancha.

Hablaba con un pastor en un cruce de caminos, hacía un entrevista a un viejo molinero (a Salomón Jiménez), conservaba el cencerro del último molinero de Turleque y el su alfar de
Consuegra tenía objetos de todo tipo, porque era un coleccionista de antigüedades rurales, porque sabía que eran portadoras de historia.

También era arqueólogo. En nuestro término (en Mota del Cuervo) nos acompañaba al paraje del Zagarrón, y allí nos mostró en la parte alta del pozo, restos romanos e iberos con trozos de arcilla y alguna moneda, que después enviábamos a Cuenca para su estudio y para el museo arqueológico.

Con motivo de una reunión de la Junta Directiva de la Asociación de Amigos de los Molinos, a continuación improvisamos una cena en una cocina de pastores con chorizos asados a la brasa y buen vino manchego. Después Ángel Manjavacas nos invitó en su casa a comer mostillo en torno a una mesa camilla y nos sentamos en la banca. Este fue un aspecto humano y muy entrañable que aún perdura en la memoria de los pocos que quedan para recordar aquel hecho.

También hicimos una comida, de caldereta, en la casa de campo de Julio Peñalver y en aquella ocasión nos acompañó la Condesa de Heberstein (agregada cultural de la Embajada alemana), que era muy amiga de Oskar y la trajo para que conociera el molino de Alemania (El Goethe).

Oskar fue el que promovió la construcción del molino de Austria en nuestra sierra, (El Frank Grillpartser) y nos facilitó la entrada y la gestión en la Embajada de su país.

Ni que decir tiene que aquel molino se construyó con mucha ilusión y fue decorado y acondicionado por la Embajada, se inauguró con la asistencia del Embajador y Señora, personas encantadoras, que después correspondieron en Madrid invitándonos al Presidente y un vocal de la Directiva, así como a Cipriano Palacios, entonces Alcalde de Mota. En correspondencia la Mota dedicó una calle a este país (calle de Austria).

La labor de Oskar en favor de La Mancha es imponderable: Los molinos de Alcázar, Consuegra,
Campo de Criptana y Mota le debemos mucho, porque fue nuestro acicate, nuestro estimulo,
descubriendo constantemente facetas de nuestro tiempo que ignorábamos o no las veíamos por estar inmersos en ellas.

Vaya en nuestro emocionado recuerdo, una pequeña dosis de lo mucho que le debemos los manchegos a hombre tan generoso y con el que tenemos una deuda imperecedera.

¡Que el Señor, en su infinita misericordia, le tenga en su Gloria!

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