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Revista 20

Romance a Cuenca

  • III Época
  • Diciembre 2007
  • Por Aspas Manchegas
  • 127 lecturas


Te lo ruego, compañero
Si es que mi amistad aprecias,
No repitas ese dicho,
Esa frase, esa quimera:
Que soy de la tierra «el crimen»,
Por que soy nacido en Cuenca.
No me ofendas con tal frase,
Ya que en mis oídos suena,
Como un clarín de combate
Que me llama a defenderla.
La venero y la defiendo
Por eso, por ser mi tierra;
Por que su sol y su aire,
Y hasta el polvo de sus sendas,
Me incrustaron en la carne
Besos de madre morena
¿Cómo voy a consentir
La menosprecien y ofendan,
Sin que el rió de mi sangre
Dentro de las venas hierva?
Tú es que no sabes la historia,
Y, si la sabes, ¡no es cierta!
Hace ya bastantes años
Lo menos ochenta o noventa,
Andando por los caminos
Iba, a poblados y aldeas,
El recitador buhonero,
Caracol de carreteras,
Relatando las tragedias,
Suicidios y asesinatos
Más notables de la época.
Plantaba su cartelón
Que, con pinturas grotescas,
Representaba el suceso
En diferentes escenas.
Tocaba su campanilla
Acudían los babiecas,
Y empezaba el recital

de semejante manera;
__!Padres los que tenéis hijos!
¡Nietos que tenéis abuelas
mirad que crimen tan feo
en la provincia de Cuenca!
¡Aquí veis al «criminal»
antes de hacer la «faena»!—
Y con un largo puntero,
iba señalando a ciegas,
–A qui le veis acechando
lo mismo que una fiera—
Nuevo punterazo al cuadro.
—Y aquí revienta la puerta.
Y aquí…—Te va señalando
una a una, cada escena,
al compás de punterazos
y al son de su cantinela.
Y de hay le viene el mote
que la rebaja y la veja
de una historia, falsa historia,
de una copla callejera!
Tiene mi tierra otros hechos
por que poder conocerla.
Tiene castillos e historia
que proclaman su grandeza,
Tiene un Fray Luís de León,
prez de las hispanas letras.
Sus viñedos, sus trigales,
en la llanura manchega,
son unos mares de espigas
entre los que hay veredas
en las que, don quijote,
están recientes las huellas.
¿Y por la tierra del crimen
te precias de conocerla?
Es muy fácil de nombrar,
a mi agreste y llana Cuenca,
sin que se manchen tus labios,

En fin, lo sabes ya, amigo
Donde vi, la luz primera.
De los ayes de mi madre
Fueron testigos las piedras
de aquellos cerros vecinos,
Y la torre de la iglesia
Mientras mi padre, a puñadas,
Luchaba con la impaciencia que,
Con falacia ponía
Grilletes en las saetas
En la cuna me arrullaron
Los aires de aquellas tierras,
Y me cantaron la nana
Las mieses sobre las eras,
Mientras del cielo mandaban
Besos las estrellas.
Y, cuando hacia el fin, cansado,
Por los años y las penas,
Llegado sea el momento
De rendir cuentas postreras,
Quisiera lo de la copla
Que oí cantar de «chavea»:
— «Cuando mi horica me llegue,
Quiero morirme en mi tierra.
Verla al cerrarse mis ojos
Y tener mi hoyico en ella»
¡Cuenca mi tierra querida!
¡Cuanta añoranza en mi ausencia!
Es mi honra ser tu hijo;
Es mi orgullo y mi nobleza
Blasonar a cuatro vientos:
¡Yo soy de Cuenca! ¡!De Cuenca!!

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