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Revista 20

OSKAR A. DIGNOES, EL QUIJOTE QUE VINO DE AUSTRIA

  • III Época
  • Diciembre 2007
  • Por Aspas Manchegas
  • 126 lecturas

Se me invita a trazar unas líneas, esbozando la figura de Oskar A. Dignoes Danchakova, y de veras, me llena tanto de emoción el hacerlo, como a él si su salud le permitiera leerlas. Pues se trata de una persona que no siendo manchego, ni tan siquiera español, amó tanto por nuestra tierra, e hizo tanto por ella, sin recibir nada a cambio, que su labor altruista, sonrojaría a muchos de los que hoy «a golpe de talonario» parecen ser los salvadores de La Mancha.
El nombre de D. Oskar con toda seguridad traerá recuerdos inolvidables a quienes en los pueblos de nuestra geografía manchega, colaboraron con él, en la hermosa y loable tarea, de iniciar su revalorización turística, con tanta ilusión, como escasos medios económicos. Por ejemplo, la Asociación de Amigos de los Molinos de Mota del Cuervo le tuvo por activo socio.
Por otro lado, a los jóvenes que hoy contemplan con orgullo, el patrimonio heredado de aquellos intrépidos «Quijotes», quizá les interese saber algo de sobre este personaje, a quien en gran medida, se debe que aquellos proyectos, turístico-monumentales, entre ellos la recuperación de los molinos de viento se hicieran realidad.
Once años tenía yo cuando vi por vez primera a nuestro ilustre protagonista. Fue en Consuegra el otoño de 1963. Estaba allí rodeado de personalidades, para dar vida junto al alcalde Pedro Albacete y el teniente de alcalde Francisco Domínguez a la Fiesta de la Rosa del Azafrán. Se trató de un acontecimiento festivo-cultural, que pilló de sorpresa incluso a los propios consaburenses, que contemplaron atónitos, la masiva afluencia de <> recorriendo las calles de la población en busca de los azafranales entonces en plena floración, que luego ascendían al cerro Calderico, para visitar su ruinoso castillo y los restos de sus trece molinos, y como final recrearse con el folclore local y deleitarse con su gastronomía.
Pero como el espacio apremia, diremos que: Oskar A. Dignoes nació en Austria en 1921. Tras tomar parte en la II Guerra Mundial como paracaidista del ejército alemán, donde fue herido de gravedad, a partir de 1945 se dedica plenamente a actividades periodísticas relacionadas con el turismo.
En 1953 llega a España para hacerse cargo entre otros asuntos, de la Oficina del Turismo Austriaco para España e Hispano América, cuya labor desempeñó hasta su jubilación.
De su dilatada trayectoria periodística entresacamos unas líneas que resumen el amor que profesó a nuestra tierra, y su visión de futuro en relación con el potencial turístico de la misma, anticipándose tres décadas a lo que es en la actualidad. Corresponden a un discurso pronunciado en la Casa de la Mancha de Madrid, en febrero de 1971 y que titulaba << La Mancha año 2000>>
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Finalizaba aquella conferencia con un retazo de su trayectoria manchega: << La Mancha mía: «Tierra querida» >>. El 26 de abril de 1961 fue histórico para mí, al descubrirla. En estos diez años, más de 300 viajes, recorriendo caminos entre los Montes de Toledo, la Sierra de Cuenca, de Alcaraz y Sierra Morena. Unos 300.000 kilómetros buscando la paz, la tertulia y el alivio de un paisaje natural y humano sin comparación.
Unas 10.000 horas soñando y muchas veces trabajando, en tierras del Quijote «Moliendas de la Paz y del Amor» en el molino Sancho del cerro Calderico de Consuegra.
Tres molinos hijos adoptivos «El Rocinante» en Alcázar de San Juan (mi primer molino); «El Sancho» en Consuegra, «El Franz Grillparcer» que pertenece a la República Federal de Austria en Mora del Cuervo.>>…
En los años 80 tuve la suerte de conocer de cerca de Oskar Dignoes. Por su edad estaba ya de vuelta de sus andanzas y correrías manchegas. Me impacto muy de veras, el comprobar que su ilusión y amor por La Mancha, pese a lo mucho que hizo por ella y lo poco que fue correspondido se mantenía intacto. Entonces supe que ese cariño por nuestra tierra le venía de muy lejos; de su Austria natal, cuando siendo niño leyó por vez primera una edición juvenil de El Quijote. Quién le iba a decir entonces, que muchos años después, con todo merecimiento se llegaría a convertirse en un manchego de excepción.
Desde Consuegra, Julio García Ortiz

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