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Revista 20

La Mota, «el lugar» del que Saavedra no quiso acordarse

  • III Época
  • Diciembre 2007
  • Por Aspas Manchegas
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Después de los fastos del 4º centenario del Quijote, en los que se nos ha insistido hasta la saciedad sobre la importancia de la obra, de los lugares, de la ruta, y de su repercusión turística y económica, me he decidido a releer (en la escuela cuando era pequeño me obligaron por primera vez a leerlo), el Ingenioso Hidalgo D. Quijote de la Mancha. Esta vez con detenimiento y con especial atención en descubrir señales que indiquen cuál es ese lugar del que el célebre autor no quiso acordarse.
Previamente he procurado documentarme sobre lo que opinan los diferentes estudiosos de la insigne obra y la defensa que hacen de los diferentes pueblos de la Mancha que pretenden ser «El lugar» del que Saavedra no quiso acordarse, como lo son: Esquivias (que no pertenece a la Mancha, sino a la Sagra de Toledo), Argamasilla de Alba, o Argamasilla de Calatrava, Tirteafuera, Quintanar de la Orden, Mota del Cuervo, Miguel Esteban, Alcázar de San Juan, Villanueva de los Infantes y Santa María del Campo Rus, en la Mancha Alta de Cuenca, y no me queda más remedio que dar crédito al muy insigne escritor D. Luis Astrana Marín que abogaba por Mota del Cuervo como sitio destacado de entre esos posibles lugares.
Lo seguro es que el autor de la insigne novela fue liberado el 19 de septiembre de 1580 por el trinitario fray Juan Gil, (cuya Orden se ocupaba en liberar cautivos), de las garras de Azán-bajá en Argel-, mediante el pago de 500 escudos de oro, cuando estaba a punto de embarcarse como esclavo, y con grilletes, a Constantinopla. A sus casi 33 años de edad, el 27 de octubre de 1580 llegó libre Saavedra al puerto de Denia (Alicante), de donde pasó a Valencia y luego, a finales de Diciembre de ese año, llegó a Madrid habiendo pasado posiblemente por los conventos trinitarios, a su paso hasta la misma, debido a la penuria económica que el autor del Quijote atravesaba tras su liberación.
No en vano, Saavedra tuvo que hacer frente a parte del dinero que el trinitario Fray Juan Gil había recaudado en Argel, entre los mercaderes españoles, para completar los 500 escudos de su liberación. Su situación económica era muy precaria en ese momento, por lo que no tuvo más remedio que ser solícito y agradecido con los padres Trinitarios, haciendo en su viaje a Madrid, parada y fonda en el convento de los Trinitarios de Mota del Cuervo, tal como asegura D. Luis Astrana Marín (el más completo investigador y estudioso de la obra de Saavedra). Mota del Cuervo, con sus entonces 12 molinos de viento; con su famoso hospital, que atendía entre otros a los peregrinos de Santiago en la ruta del Camino de Levante y su casa de la Inquisición, construida en 1438, era por aquel entonces una importante encrucijada de caminos con portazgos establecidos (actualmente reforzados, incluso, por la por nueva autopista de peaje, y que equivale en carreteras, a lo que es Alcázar de San Juan como nudo ferroviario). En Mota del Cuervo concurren: el carril de los valencianos y el de los pimenteros (murcianos), el camino a Andalucía (actualmente la carretera N-420 de Córdoba a Tarragona), que en Mota del Cuervo se cruza con el Camino Real (tan citado en el Quijote) o Carretera de Madrid a Cartagena (N-301).
Saavedra tenía un gran conocimiento de las costumbres y lugares de la Mancha, no solo por este viaje y estancia, sino por sus continuos viajes a través de la misma, ya que en 1590, después de miserables empleos, tuvo que soportar hasta finales de siglo un continuo vagabundeo mercantilista por el sur de España (estuvo en Écija, Castro del Río, Cabra, Úbeda, Estepa…) y por razón de su matrimonio con Dª Catalina de Salazar estuvo muchas veces en Esquivias (Toledo) y más tarde en 1602, hay quien le da nuevamente en la cárcel de Sevilla (donde ya había cumplido condena de varios meses en 1597, por no poder hacer frente a la cantidad recaudada por razón de su oficio).
Pero para argumentar mi candidatura al «lugar» de la Mancha del que Saavedra no quiso acordarse, me ceñiré exclusivamente a los datos que el autor arroja en su célebre novela. Observamos varias señales que abundan en fijar el «lugar de la mancha» en una aldea muy próxima al Toboso.
Tanto que Sancho Panza, natural del mismo «lugar», dudaba al nombrar D. Quijote las lindezas de su princesa Dulcinea, cuando decía: « que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer de quien en un tiempo anduvo enamorado, aunque se entiende, ella jamás lo supo, ni le dió cata de ello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a esta le pareció ser bien darle título de señora en sus pensamientos; y buscarle un nombre que no desdijese mucho del suyo, y que tirase y se encaminase al de princesa o gran señora, vino a llamarla Dulcinea del Toboso ….»,
En el capítulo XIII donde Saavedra da fin al cuento de la Pastora Marcela con otros sucesos, cuando D. Quijote relata al caminante el linaje, prosapia y alcurnia de los del Toboso de la Mancha, «Solo Sancho Panza pensaba en cuanto su amo decía era verdad, sabiendo él quien era y habiéndole conocido (a D Quijote) desde su nacimiento; y en lo que dudaba algo era en creer aquello de la linda Dulcinea del Toboso, porque nunca tal nombre ni tal princesa había llegado jamás a su noticia, aunque vivía tan cerca del Toboso».
Más luego, posteriormente, al aclararle D. Quijote a Sancho el nombre y linaje de su Sra. Dulcinea, Sancho relata y confirma conocerla (solo de oídas por sus hazañas propias de una aldea tan «circunvecina» del Toboso como era su «lugar» ), como se ve en el pasaje del Capítulo XXV, cuando D. Quijote envía a Sancho a su lugar y le revela el nombre de los padres de Dulcinea: «…tal es el recato y encerramiento con que sus padres, Lorenzo Corchuelo, y su madre, Aldonza Nogales, la han criado.
-¡Ta,ta –dijo Sancho-. ¿Qué la hija de Lorenzo Corchelo es la señora Dulcinea del Toboso, llamada por otro nombre Aldonza Lorenzo?
-Esa es –dijo don Quijote-, y es la que merece ser señora de todo el universo.
-Bien la conozco –dijo Sancho-, y sé decir que tira tan bien una barra como el más forzudo zagal de todo el pueblo. ¿Vive el Dador, que es moza de chapa, hecha y derecha y de pelo en pecho, y que puede sacar la barba del lodo a cualquier caballero andante, o por andar, que la tuviere por señora! ¿Oh hideputa, qué rejo que tiene, y que voz! Sé decir que se puso un día encima del campanario del aldea a llamar unos zagales suyos que andaban en un barbecho de su padres, y aunque estaban allí más de media legua, así la oyeron como si estuvieran al pie de la torre. Y lo mejor que tiene es que no es nada melindrosa, porque tiene mucho de cortesana…»
De este pasaje del libro se desprende que el tal «lugar» debe ser ciertamente muy cercano al Toboso, para queSancho conociese las hazañas tan particulares de Dulcinea, algo que deja fuera otros lugares mucho más apartados, como pretenden hacer valer como propios otros estudiosos de la insigne obra, del deseado «lugar» que Saavedra no quiso acordarse, como lo son: Esquivias, Argamasilla de Alba, Argamasilla de Calatrava, Tirteafuera, Alcázar de San Juan, Villanueva de los Infantes y Santa María del Campo Rus.
Por otro lado, el propio autor, deja fuera también Quintanar de la Orden, como se refleja en la andanza que tuvo D. Quijote en una de sus salidas, cerca de su «lugar» tuvo a bien D. Quijote liberar al joven criado de «Juan Haldudo el rico vecino del Quintanar» (pueblo circunvecino del Toboso y que cierra el triángulo alrededor del mismo con Miguel Esteban y Mota del Cuervo).
Después de estas consideraciones, sólo los vecinos de Quintanar, Miguel Esteban y Mota del Cuervo (este último a solo dos leguas por el rectilíneo «Camino del Toboso» que enlaza directamente ambos lugares) tenían la posibilidad real de conocer tan de cerca los chismes de los vecinos más nombrados, como era el caso de Aldonza Lorenzo.
Es inimaginable que en los otros pueblos citados, tan distantes del Toboso, conocieran las vicisitudes de Aldonza Lorenzo (Dulcinea del Toboso), tan al punto como Sancho Panza lo cita en la obra.
Pero abundando en la más que posible opción de Mota del Cuervo, como ese «lugar» del que Saavedra no quiso acordarse, en el capítulo XXX de su obra, cuando el cura y el barbero llevaban a su paisano D. Quijote a su «lugar» con los engaños de la princesa Micomicona dice:
«Si así es –dijo el cura-, por la mitad de mi pueblo hemos de pasar, y de allí tomará vuestra merced la derrota de Cartagena, donde podrá embarcar con la buenaventura « (cuando venían desde Despeñaperros hacia el citado reino Micomicón)
Ninguno de los otros lugares que se barajan por los diferentes estudiosos del Quijote reúne todas esas condiciones:
- Ser encrucijada de caminos y ser ellos directos a Cartagena, a Valencia, a Toledo, a Córdoba y a Madrid.
- Estar a sólo 2 leguas del Toboso (desde la sierra de los Molinos de Mota del Cuervo se divisa fácilmente el Toboso y se oye el repicar de las campanas de su iglesia, se ven sus casas…)
- Tener un Convento de PP Trinitarios en el camino entre Denia y Madrid, donde Saavedra estuvo alojado por gentileza de su libertador Fray Juan Gil y donde pudo conocer de primera mano las costumbres de los lugareños e inspirarse en su obra.
Por todo ello, deseo que los Sres. que han organizado los fastos del 4º Centenario del Quijote y que han olvidado poner en su digno «lugar» a Mota del Cuervo, tomen ahora en consideración estas circunstancias y procuren dar más crédito al mejor estudioso de la obra del Quijote que ha habido en la historia: D. Luis Astrana Marín, que ya abogaba por Mota del Cuervo como uno de esos posibles lugares del que yo, como natural de Mota del Cuervo, y por la misma razón, no quiero acordarme del primer apellido de Saavedra, en justa compensación a su deseado olvido.

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