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Revista 20

CHARLANDO CON… HERMENEGILDO TIRADO LÓPEZ "MEREJE"

  • III Época
  • Diciembre 2007
  • Por Aspas Manchegas
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Es un día soleado de abril, estamos en la ermita de Ntra. Sra. del Valle y San Agustín, realizando los preparativos de una jugosa caldereta de cordero, que cocinará para un grupo de escolares, Hermenegildo Tirado López («Mereje»). Aprovechamos la ocasión para mantener con este amigo de los Molinos y de Mota del Cuervo una pequeña charla.
Este moteño, que perteneció al cuerpo de la Policía local, es un fiel colaborador de la Asociación Amigos de los Molinos en lo que a los preparativos de «los ranchos» (preparación y cocinado de comidas en el campo) se refiere.
ASPAS MANCHEGAS (A.M.): ¿Cuánto tiempo llevas colaborando con la Asociación?
HERMENEGILDO TIRADO LÓPEZ (H.T.L.): Llevo más de veinte años colaborando, -y lo que Dios quiera- con los amigos de los molinos en todo tipo de actos (Fiesta de la Llueca, La matanza, Fiestas Molineras, etc.), donde se que requieren mi presencia y ayuda, preparando los platos típicos de calderetas, migas, gachas,.. y lo que haga falta.
(A.M.): ¿Cuál es el fin de esta colaboración?
(H.T.L.): Mi afán es hacer bien lo que sé, tratando de mejorar las cosas que hacemos, para que la gente que venga al pueblo -y los de dentro también- estén contentos con nosotros y con nuestra acogida.
(A.M.): ¿Hay buenas instalaciones en Mota para realizar estos preparativos de comidas campestres?
(H.T.L.): Sí, en la Mota tenemos sitios maravillosos, tanto aquí como en Manjavacas, para hacer este tipo de comidas manchegas: gachas, calderetas, asadura, etc. Y más ahora, que existe la prohibición de hacer fuego en el campo desde mayo a noviembre.
(A.M.): Ya que hablamos de caldereta manchega, qué ingredientes utilizas tú en su realización.
(H.T.L.): A parte de una buena carne (especial de nuestras carnicerías locales), ajos, cebollas, un pimiento verde y uno rojo, tomate natural; se pone a hervir todo esto en crudo, en fuego de leña, se va espumando y no hay más.
(A.M.): Pero todo cocinero tiene su toque o secretillo que otorga a ese plato su sello personal, cuál es el tuyo –si se puede contar aquí-
(H.T.L.): Claro que sí, hombre; mi toque especial es el de añadir un rocío de romero y tomillo en rama, junto con la sustancia liquida que estas plantas han soltado unos días antes.
(A.M.): Además de caldereta, que otro plato te piden para elaborar.
(H.T.L.): Migas manchegas, gachas y lo que vayan pidiendo; estas últimas con su harina de titos, orégano, alcarabea, hígado picado, moverlas mucho y el punto, que es la base fundamental, y como decía aquel no es difícil apretar un tornillo, sino saber el tornillo que hay que apretar… ese es el punto.
(A.M.): ¿Además de con la Asociación de Amigos de los Molinos, colaboras con otros colectivos o particulares en estos temas de cocinar?
(H.T.L.): Sí, si… el que quiera llamarme, sobre todo amigos, en celebraciones especiales me llaman para esto y les ayudo, sean muchos o pocos.
(A.M.): ¿Desde hace cuanto tiempo tienes la afición de preparar este tipo de cocina?
(H.T.L.): Cuando yo estaban en la Policía Municipal, aprendí de ver a los compañeros (Santiago y el hermano Matías) y ya me pedían, de allá para cuando, hacer estos preparativos y ahí aprendimos un poquito, y luego.. la experiencia, que es la madre de la ciencia...
(A.M.): Hablemos ahora de tu etapa como Policía Municipal, ¿cómo entraste en el cuerpo y cuántos años estuviste en él?
(H.T.L.): Entrábamos en el cuerpo haciendo un curso y unas pruebas. En los años sesenta, entonces yo sabía cuatro reglas, tenía el carnet de primera y conocía el código de circulación. Y estuve veintiocho años, junto con seis o siete compañeros, uno de ellos era el cabo.
(A.M.): ¿Fue este el origen de la policía municipal en la Mota?
(H.T.L.): No, en Mota ha habido cinco, desde siempre, cinco o seis policías; y antes cuatro o cinco serenos, sin uniforme y eran otros tiempos.
(A.M.): Hablando de serenos, qué te parece que en ciudades como Madrid quieran volver los serenos.
(H.T.L.): Me parece bien, porque nadie sabe o quiere reconocer que velar el sueño de los demás, es lo más hermoso que pueda haber.
(A.M.): Debía ser duro el trabajo como policía municipal.
(H.T.L.): Pues te diré que yo salía de mi casa a las diez de la noche y volvía a las seis de la mañana (todos los días), y cuando me marchaba, tiraba de la puerta y a ver que podía pasar.
(A.M.): Y la gente, ¿hay diferencia en su comportamiento de antes y de ahora?
(H.T.L.): Entonces la gente se portaba bien, hoy es distinto, todo ha cambiado cien por cien… antes se le llamaba la atención a alguien y te respetaban, pero hoy se ha perdido ese respeto a la autoridad; el ciudadano tiene ahora menos cortesía que entonces.
(A.M.): ¿Notabais que el pueblo era agradecido con vuestra labor?
(H.T.L.): En aquella época sí, cuando alguien se ponía enfermo, íbamos a casa del médico, Don Eminiano, a la farmacia de Paco, que se portaban de manera extraordinaria.
(A.M.): Como ves hoy, en general, el cuerpo de la Policía Municipal
(H.T.L.): En cuanto al respeto lo veo peor que en mi época, parece que son rechazados, cuando es la base fundamental de la ciudadanía; la colaboración del policía, que lo único que pretende es servir y proteger al ciudadano. Pero los tiempos han cambiado y se necesita más especialización en todo, por eso hay mejores y más medios como ordenadores, coches patrulla, dotación de hombres, etc.
(A.M.): ¿Ha habido alguna ocasión donde hayas sentido el peligro especialmente?
(H.T.L.): Sí, yo la he tenido varias veces, pero he podido salvarlas. Recuerdo un robo en la gasolinera al que perseguimos con un Renault-6, que nos despistó. Dimos parte a la guardia civil y los cogieron en Minaya gracias a la colaboración, ya que les dijimos que el coche iba ardiendo, siendo esta la pista que facilitó su captura. Es por esto que las situaciones peligrosas que han surgido a nivel del pueblo se han solucionado gracias a la estrecha colaboración que siempre hemos tenido con la guardia civil, nadie sabe que eso es lo más grande que puede tener un pueblo y que algunos no saben o no quieren valorarlo.
(A.M.): En otras ocasiones me has comentado que en los años de tu permanencia en el cuerpo, has tenido ocasión de saludar o entrar en contacto con algunas personalidades.
(H.T.L.): Pues hombre, sí. A Don José Bono, del que guardo una anécdota, ya que íbamos vestidos como la policía nacional -de caqui- y Bono me dijo que porqué vestíamos así, yo le respondí que era lo usual aquí; él me dijo que tomaba nota y que mandarían uniformes para los agentes de Castilla la Mancha con su escudo y número de Agente. Pasó un tiempo, estrenamos ese uniforme un día que estaban cruzando chicos en el mesón, vi un coche oficial que pasaba por aquí, cuando de pronto vi que Bono bajaba del coche y vino hacia mí, que le saludé de forma correspondiente y me dijo «os gustan los uniformes que hemos hecho», le respondí que sí y me felicitó marchándose.
(A.M.): En los actos importantes de la vida moteña, cuales eran los momentos de más ajetreo.
(H.T.L.): Pues las fiestas de agosto, carnaval, Navidad, aunque siempre había jaleo y eso que en la Mota no ha habido mucha delincuencia ni de fuera, ni de dentro. Recuerdo una vez que fuimos una pareja a reforzar a una fiesta de la Puebla de Almoradiel.
(A.M.): Y el tráfico de Mota del Cuervo, cómo lo ves.
(H.T.L.): Según pasan los años esto se va poniendo más peligroso porque hay cada vez más vehículos, de mayor cilindrada y que quieren correr más. La policía no quiere denunciar a nadie, pero es necesaria la multa a quien infrinja la ley. Igual que el policía apoya al ciudadano, el policía debe verse apoyado por la corporación municipal.
(A.M.): Pues muy bien, hemos finalizado esta charla, para acabar te pediría que nos dijeses esa fábula que ya has hecho famosa entre los molineros.
(H.T.L.): Ah sí, aquella historia de unos cazadores que se encuentran a un molinero comiendo y le dicen como es que bebe usted agua y no bebe vino, y este les responde, señores bebo agua porque no tengo agua, si tuviera agua bebería vino. Aquellos señores se marchan pensando en la frase que les había dicho el molinero, cuando en su camino bajan una vaguada y ven un río sin agua, y dice uno de ellos: si este río no estuviera seco, ese molino molería y ese molinero ganaría dinero y compraría vino para beber, pero como el río baja seco bebe agua porque no tiene agua.
Bueno, Mereje, acabamos así este rato de conversación, agradeciendo tu colaboración con la Asociación Amigos de los Molinos.
Z. L-B. B.

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