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Revista 20

FINALISTAS INFANTILES DEL V PREMIO BRIAREO

  • III Época
  • Diciembre 2007
  • Por Aspas Manchegas
  • 132 lecturas

LA FAMILIA MOLINERA
Hace muchísimos años, los molinos de Mota del Cuervo eran una familia, pero un día ocurrió algo raro.
Todos eran huérfanos, porque sus padres habían muerto en la guerra de la «aspera». El Iraq era el mayor, luego estaba el Frank Grillparcer, después el Piqueras, no nos olvidemos del Goethe, le sigue el Cervantes, el ravioso de Francia y, como no, el pequeño Zurdo.
Todos los molinos siempre estaban discutiendo con el pequeño zurdito y él nunca destacaba. Un día, el zurdo se cansó de sus hermanos y, en vez de moler hacia la derecha, molió..¡ hacia la izquierda ¡, por llevarles la contraria. Sus hermanos se enfadaron con él; el Iraq, que era el que más fuerza tenía, empujó a su hermano el Zurdo con su palo de gobierno. Lo empujó con tanta fuerza que lo desplazó unos metros.
Entonces, un día vinieron los turistas, vieron el Iraq, el Piqueras, al Goethe…a todos, pero un turista llamado Alfonso dijo:
- Nosotros hemos leído en este catálogo que hay siete molinos, pero sólo hemos visto seis…
- ¡ Falta uno –dijo Alfonso- ¡
- ¡ Eh !, ¿ qué es eso ?; el molino que falta, ¡ allí está !.
- Y cómo se llama, el Zurdo.- Dijo otro turista.-
- ¿ Por qué se llama el Zurdo?; porque si te fijas bien el Zurdo muele al revés.
Y el Zurdo siguió moliendo al revés desde esos tiempos hasta la actualidad.
Esperamos que siga así muchos, muchos años.
SOFÍA LAGUÍA RODRÍGUEZ


CAPERUCITA AZUL Y LOS MOLINOS DE MOTA
Caperucita era una niña muy aventurera. Vivía en Mota del Cuervo y un día iba a casa de su abuelita, que estaba detrás de un bosque llamado «el cerro Mingote», situado a las orillas del pueblo. Iba paseando con su carro de la compra por el bosque cuando se encuentra una cucaracha gigante, pero empieza a llover y una gran tormenta cae sobre sus cabezas y sobre la cabeza del «animal» también cae un rayo y lo mata. La niña se asusta un poco pero sigue con su camino. Iba cantando con su preciosa caperuza azul cuando siente algo grande detrás de ella. Se gira y ve un oso con los dientes llenos de sangre, se queda un minuto pensando y esperando a ver si ocurría otro milagro, pero por desgracia no fue así. Sin pensarlo otra vez, soltó el carro y saliendo corriendo hacia el pueblo y pensó: «Tengo que subir a lo más alto, allí no me alcanzará». Miró y vio unos preciosos molinos y dijo: «allá voy». Corrió, subió pero se deprimió al ver lo mal que estaban cuidados. Miró para atrás y vio al oso que corría ensangrentado detrás de ella. Siguió corriendo, se metió dentro de uno de los molinos que estaba más cerca y viendo una puerta vieja, casi carcomida, ella, que iba a clase de taekwondo, dio una patada y ¡ y no se rompió !, dio otra y tampoco. El molino estaba y ella dio un salto mortal y se enganchó a un aspa. Cuando llegó a una ventanilla le dio una patada y se abrió, se sorprendió, pero lo único que le importaba era salvarse. Dio otro salto y se escurrió, casi se cae, pero se vuelve a enganchar y se mete para adentro. Bajó escaleras abajo con un mareo (por el miedo) cogió una mesa y la atrancó en la puerta. Por lo menos ya estaba «a salvo». Sintió hambre. Subió arriba y sacó de su caperuza una varita azul y le enchufó a la rueda catalina y esta empezó a expulsar harina y de unos cántaros empezaron a manar agua. Hizo aparecer con su varita un poquito de pimentón rojo y una sartén; de pronto unas maderas que había tiradas en el suelo empezaron a arder. Ella aprovechó y con esos alimentos hizo unas gachas manchegas que le enseñó su abuela. Comió y le entró sueño se tumbó entre unos cántaros y la pared.
Se durmió, soñó leyendas antiguas que le contó su abuela, en la que ella salía siempre como protagonista. Le encantaban las historias de la abuela, pero ese día fue especial porque de estar en las historias emocionantes de su abuela, pasó a estar en una nube observando todo el mundo. Vio unos molinos de Mota del Cuervo y se vio a ella misma por la ventana observando el precioso pueblo. Se metió para adentro y se tumbó entre cántaros, llegó su madre y le dijo:
- Caperucita, ¡ despierta !
De pronto, caperucita azul volvió a la tierra, abrió los ojos y se encontró la cara de su madre, estaba en su habitación.
Todo había sido un sueño, menos mal. Ahora tenía que preparar para ir al colegio y pasar otro día con sus amigos.
LAURA COBO AGUDO

LA HISTORIA DE LOS MOLINOS.
Érase una vez un pueblo llamado Mota del Cuervo, en el año 1516, Mota del Cuervo era un pueblo muy bonito y con mucho interés turístico, pero tenía un inconveniente, sufría una gran escasez de víveres y, cada año, en el censo de población moría cada vez más gente.
Mota del Cuervo tenía mucho grano, pero no sabían como aprovecharlo. Un día, un niño llamado Juan, se puso a pensar y experimentar en su casa y pensó que algún tipo de máquina podría moler el grano, entonces pensó en hacer una máquina con forma de cilindro y su tejado en forma de cono, con aspas.
Juan acudió al ayuntamiento, que probó a realizar uno. Aquella máquina dio tan buen resultado que el consistorio moteño pidió ayuda por toda Europa y fueron construyendo cada vez más hasta que llegó a la cifra de veinticinco. Con estos, se pudo moler el grano, con lo que ya no hubo carestía de víveres y el pueblo era más bonito aún.
A esta máquina se le puso el primer apellido de Juan (Molino) y los molinos de viento se empezaron a construir por toda España y debido a esto no hubo más escasez de víveres.
SANTIAGO SANDOVAL

HISTORIA ESPAÑOLA MOLINERA
(En clave de humor)

Hace unos años, en 1931 ganaron las elecciones los partidarios de la República Molinera. Después, en 1936 el general Francisco Muele dio un golpe de Estado y estalló la Guerra Civil Molinera. Acabó en 1939 con victoria del general Francisco Muele. A partir de ahí, Francisco Muele instauró una dictadura que duró hasta 1975 y terminó con su muerte. Después, las Cortes Generales proclamaron rey a Juan Carls I de Molino. Juan Carlos I de Molino nombró presidente a Molinero Suárez en 1977. En 1981 hubo un intento de golpe de Estado y se tuvieron que celebrar unas elecciones. Las elecciones las ganó Calvo Aspa. En 1982, el partido Socialista Obrero Molinero (PSOM), liderado por Felipe del Zurdo, ganó las elecciones generales. Después, en 1996, el partido Aspero (PA), ganó las elecciones generales liderado por José María el Irak. Finalmente, en 2004, el partido Socialista Obrero Molinero (PSOM), liderado por José Luis Mueletrigo ganó las elecciones generales.

JOSÉ MIGUEL PALOMINO CANO








EL RESCATE DE LOS MOLINOS
Eran ya sobre las nueve de la mañana cuando el despertador de mi habitación sonó. ¡Por fin! Era el primer día de vacaciones. Me levanté, me duché, desayuné y me fui a jugar la final de un torneo de fútbol con mis amigos en la plaza principal.
–Hola Luis, Hola Pablo. ¿Estáis listos?
–Sí, contestaron.
Fuimos a la plaza y allí estaban: Carlos, Alberto y Raúl, nuestros contrincantes en la final de fútbol callejero, que había organizado el pueblo.
Sonó el pito del árbitro, comenzó el partido. Éramos igual de buenos, tanto el equipo de Carlos como el nuestro. -¡Animo! Gritaban padres y niños.
Iba empate a dos cuando el árbitro señaló con un agudo pitido el final del encuentro. Los espectadores estaban impacientes por saber quien sería el ganador... Y nos fuimos a los penaltis. Pablo y yo metimos, también Carlos. Pero Alberto falló. Era el turno de Luis. Si marcaba ganábamos.
En ese instante el suelo empezó a vibrar como un terremoto. La gente corría, chillaba… todo pasó muy rápido, pues el terremoto paró a los dos minutos. La gente estaba asustada. ¿Qué ha pasado? Se preguntaban todos.
– Vamos a ver los molinos- les comenté a mis amigos.
–Vale -me contestaron.
Fuimos a la ladera dónde se encontraban los grandes y maravillosos molinos, que aunque ya no se utilizan siguen siendo como antes.
– Venga vamos a contarlos todos, a ver si falta alguno- bromeé.
- A ver, a ver… -¡Falta uno, los he contado!- Gritó Daniel.
-¡Aaaaah! – chillamos todos. – mirad ese agujero-.
-Es enooorme- decía Álvaro ,que era el más pequeño de todos.
- Hay que averiguar quién se ha llevado el molino y por qué.
Por la tarde todo el pueblo ya se había enterado de la noticia y el alcalde organizó un plan de búsqueda. Todos recorríamos calles y calles, pero el resultado era el mismo.
Estuvimos hasta las doce de la noche buscando la respuesta de todo aquello.
-Esperaremos a mañana- dijo el alcalde. – a ver si pasa algo raro con lo que podamos averiguar quien ha sido el culpable del robo de los molinos. Que todo el mundo se vaya a dormir-. Nos fuimos cada uno a nuestra casa y dejamos que pasara la noche.
Al siguiente día nada más levantarme hubo otra vez ese misterioso terremoto. Pero al igual que antes, paró.
Después de desayunar, llamaron a la puerta. ¡Eran todos mis amigos!
-¿Qué os trae por aquí, todos juntos? ¿Y Álvaro?-
-¡No hay tiempo para explicaciones! ¡Ven corriendo!-
Me llevaron a la ladera y, allí estaba Álvaro llorando junto a otro hoyo.
-¡Buaaa!, se han llevado mi molino, mi molino favorito- dijo Álvaro.
-No te preocupes Álvaro, encontraremos tu molino y todos los que han desaparecido. Le animé. ¿Quién está conmigo? -Pregunté.
-Nosotros- Gritaron todos mis amigos a coro.
- ¡Otra vez el terremoto!- Dijo Luis aterrorizado.
–Mirad ese otro molino. También se hunde en la tierra. Corred, seguidme.-
Entonces nos pusimos encima del molino y nos hundimos en la tierra con él.
Pasaron cinco minutos y nos encontramos en una gran sala donde había muchas personas, al parecer no eran humanas.
- ¡Buen trabajo chicos! Primero mirad dentro del molino por si hubiera algún intruso y, luego, llevadlo a la gran sala.- Dijo una voz extraña.
Todos nos escondimos dentro de los sacos vacíos de trigo.
-¡Jefe!, hay unos sacos que se mueven- Dijo una persona.
-Serán intrusos de ese pueblecillo. Llevadlos a la jaula.-
Nos descubrieron y nos llevaron a una celda electrificada.
-¡Déjenos salir por favor!-Chillaba Pablo.
-No merece la pena chillar. Ya encontraremos la forma de salir.- Le dije.
Estuvimos más de una hora esperando a que pasara algo, pero nada.
Estábamos jugando a piedra, papel o tijera, cuando una figura menor a nosotros, que entraba despacio, de puntillas, se acercó a nosotros.
¡Era Álvaro! Venía a rescatarnos.
Salimos de la celda y fuimos hacia donde estaban los molinos a ver si podíamos hacer algo.
Nos deslizamos hasta la gran sala y...¡sorpresa! allí se encontraban los tres preciados molinos.
-¡Mi molino!- Dijo Álvaro y salió disparado hacia él.
-¡No, Álvaro!- Chillé.
-Nos pueden descubrir- Dijo Luis.
-Demasiado tarde, mirad, tenemos compañía.-
-¡No tenéis escapatoria!- Dijo la voz extraña.
-Vale, pero aclárame una cosa. ¿Para qué quiere nuestros molinos?-
-¿Por qué queréis saberlo?
-Oh, solamente por curiosidad- Le contesté.
-Está bien, mirad, quiero estudiar los diferentes objetos que se usan en la vida cotidiana, tanto en el presente como en el futuro. Y para eso necesito diferentes objetos, si no sería imposible. Hace algún tiempo pedí a distintos pueblos dichos objetos, pero no me los prestaron, entonces lo cojo durante algún tiempo y, luego, a lo mejor los devuelvo.-
-Bueno entonces me preguntaba... que si quizás... podría devolver nuestros molinos.- Le dije
- Más tarde, cuando lo haya estudiado bien.- nos contestó
- ¡Eh!, eso no vale- dijo Álvaro.-
-¿Qué os parece si buscamos algo con que llevar los molinos?- Susurré
-Vale.- Me contestaron.
Llegó la noche, todos se fueron a dormir.
Nosotros nos escapamos de la celda, pues se habían dejado la puerta abierta.
Nos escabullimos por uno de los agujeros hacia el pueblo y le pedimos al alcalde que nos diera todos los cohetes que habían preparado para las fiestas, que ya no se iban a celebrar por la falta de los tres molinos.
El alcalde dijo que ya no los necesitaba así que nos podíamos llevar los que quisiéramos. Cada uno de nosotros cogió por lo menos veinte y nos dispusimos a bajar otra vez hacia la gran sala. Le atamos veinte cohetes a cada molino, los encendimos, nos metimos dentro de uno y subieron a la superficie de nuevo. La explosión cerró los agujeros, dejando debajo de ellos toneladas de rocas y, a la vez, haciendo huir a los extraños seres . Algunos de los cohetes se escaparon por las ventanas, despertando a los vecinos del pueblo que poco a poco se iban sumando a la fiesta. Los concejales y el alcalde aplaudían y nos dieron las gracias por haber rescatado los molinos pero lo que más nos gustó es que, desde ese día, para la fiesta de las Lluecas nos dejaban comer gratis todos los dulces que quisiéramos.
FIN
JORGE FERNÁNDEZ

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