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Revista 18

Los siete capirotes

  • III Época
  • Enero 2006
  • Por Aspas Manchegas
  • 117 lecturas

Corría el año 1955 cuando la Asociación «Amigos de los Molinos y Museo Manchego» fue creada el día 6 de abril del mismo año a la que denominarían en el sucesivo «Asociación de Amigos de los Molinos», fijando su domicilio social en la Plaza del Caudillo, 1, siendo autorizada por el Ministerio de la Gobernación con fecha 9 de noviembre de 1955.
Así se inició en este lugar de La Mancha, la Asociación, donde vivían unos hidalgos, gentes llanas y abiertas, eso sí, un poco «locos» por intentar levantar de nuevo aquellos gigantes de cuatro brazos que con singular «cuerda locura» intentó un día derribar aquel famoso caballero andante «de los de lanza en astillero».
El primer hidalgo, germen de la Asociación «Amigos de los Molinos» fue llamado por Federico Muelas «Joaquín Piqueras o el fervor». Hombre apasionado que supo rodearse de otros hidalgos de igual casta, los cuales le ayudaron a dar vida nuevamente a los míticos gigantes aspados que brillan en nuestra «sierrecilla».
Estos «siete capirotes» rememoran con todo orgullo a aquellos innumerables molinos que un día se apretaban en esa hermosa sierrecilla. Aún se recuerdan los nombres de los 11 últimos molinos que dieron fama a esta hidalga tierra de Quijotes y Sanchos, de los cuales ahora sólo queda en pie el más histórico: El Zurdo.
Recordemos y repasemos sus nombres: El Viejo, El Corralillo o Rebollo, El Tortacheche, El Pasiquillas, El Pitón, El Veterano, El Coleta, El Nano, El Barrillero, La Molineta (llamada así por sus dos aspas) y el Zurdo.
El Zurdo, singular gigante, le acompañan ahora: El Joaquín Piqueras, El Cervantes, El Franz Grillparcer, El Goethe, El Francia y El Iraq.
No cabe duda que aquellos, en su día, y estos, en la actualidad, han hecho de Mota del Cuervo aquel pueblo que un día pudo ser la iluminaria de aquella mente creadora que, no sólo descifró el sentir de unas gentes, sino también ha hecho vivir a toda la humanidad una historia basada en el ingenio y en la más hermosa «cuerda locura».
Que nunca se nos olvide aquel dicho popular conocido por estos «lares» que se expresa así: Las grandes obras las sueñan los genios locos, las ejecutan los luchadores natos, las disfrutan los felices cuerdos y las critican los inútiles crónicos. Y en Mota, siempre hubo, hay y habrá genios locos y luchadores natos. Y así se vio como a Joaquín Piqueras le siguieron grandes moteños, de esos que esta hermosa tierra da con una casta especial: José Zarco, Arturo Valero Zarco, Julio Peñalver, Rafael Gismero, Ezequiel Zarco, Miguel Rodríguez, Angel Manjavacas y un largo etcétera.
No nos quepa duda que nuestros molinos, nuestra forma de ser y los personajes de aquella época sirvieron de musa para que el inmortal «manco» diese vida a la mejor obra de caballerías de todos los tiempos, dado que Cervantes estuvo alojado en Mota, en el convento de los Padres Trinitarios, ubicado en la Plaza del Verdinal e inspirado por esas fuentes lo plasmase en su genial obra y en este lugar de La Mancha.
Ahora al celebrar los 50 años de la fundación, queremos felicitar a todos los componentes de la Asociación «Amigos de los Molinos» por su buen hacer, su generosidad y esmero en hacer cada día más próspera la misma. A aquel grupo de «genios locos» le han seguido otros en ese espacio de tiempo que han luchado y continúan luchando para que los Molinos sean ese gran motor que necesita esta tierra para demostrar al mundo entero que Mota es sin duda «aquel lugar de La Mancha» de la que aquel monstruo de las letras quiso perpetuar sin dar su nombre.
Vaya desde aquí una petición a todos los pueblos molineros para que se aúnen esfuerzos, pues si nos apoyamos los unos en los otros se podría hacer de La Mancha la zona turística jamás soñada.
Nuestros siete capirotes están ahí vigilantes y nuestra Asociación alerta, sólo falta alguien que nos empuje.

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