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Revista 18

Agradecimiento por el nombramiento Dulcinea 2005

  • III Época
  • Enero 2006
  • Por Aspas Manchegas
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Distinguidas autoridades, Reinas y Damas de Nuestra Sra. de Manjavacas y San Agustín, estimados Presidente y miembros de la Asociación de Amigos de los Molinos, moteños y moteñas, gracias por otorgarme el honor de estar aquí con todos vosotros, compartiendo mi alegría y satisfacción por mi nombramiento como Dulcinea 2005 de estas hermosas fiestas en honor de Nuestra Señora de los Ángeles o Virgen de Arriba, patrona de los molineros.
Es cruzar los umbrales de este quijotesco pueblo impregnado de rico patrimonio, de leyendas y tradiciones que jalonan siglos de historia y ya se siente una parte de nuestra tradicional historia manchega de hidalgos y aventuras de estoque y lanza, en los que el espíritu de lucha e inconformismo empaparon los pueblos de nuestra geografía regional, como Mota del Cuervo, encrucijada de caminos, merecedor del calificativo de “Balcón de la Mancha”, donde desde el monte en el que nos encontramos, coronado por sus siete majestuosos molinos, podemos divisar en toda su grandeza la extensa llanura manchega: “Llamarse don Quijote de la Mancha, con que a su parecer declaraba muy al vivo su linaje y patria, y la honraba con tomar el sobrenombre della”.
Y como no reconocer el innegable papel que la Asociación de Amigos de los Molinos, desde su fundación hace ahora 50 años, ha tenido en la reconstrucción de estos molinos sobre sus cimientos originales: «Goethe», dedicado a Alemania, «Franz Grillparzer», dedicado a Austria, «El Irak», «El Zurdo», «El Piqueras», «El Cervantes» o «El Francia», perfectamente acondicionado y en el que cada domingo, si el viento lo permite, se procede a la molienda.
Vuestra asociación es pionera en la defensa y promoción turística de este patrimonio, los molinos, que ahora, en el año del 50 aniversario de la fundación de vuestra Asociación y del IV Centenario de la publicación de la primera parte del Quijote, no dejan de estar en boca de todos, hombres y mujeres, grandes y chicos… “porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas”.
Es por esto que es un honor para mí ser nombrada Dulcinea 2005 en estas fechas, también de celebraciones en honor a Nuestra Patrona, La Virgen de Arriba.
Dulcinea, llamada por Don Quijote “la emperatriz de la Mancha”, comienza a romper la tradición de un mundo misógino. Cervantes quiere a Dulcinea autónoma, libre y con voluntad. Así describió en su magistral obra una dama de mandil y nula alcurnia fuerte, independiente y segura de si misma que no se deslumbraba ante las brillantes armaduras de su mentor, Alonso Quijano, que sólo él la albergaba en su delirante mente: “Y así, bástame a mi pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta, y en lo del linaje, importa poco, que no han de ir a hacer la información del para darle algún hábito, y yo me hago cuenta que es la más alta princesa del mundo. Porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas solas incitan a amar más que otras; que son la mucha hermosura y la buena fama, y estas dos cosas se hallan consumadamente en Dulcinea, porque en ser hermosa, ninguna le iguala; y en la buena fama, pocas le llegan”. Y esta mujer aguerrida y del pueblo llano muestra muchas similitudes de espíritu con muchas de las mujeres rurales que hoy habitan en los pueblos de nuestra geografía nacional, grandes mujeres voluntariosas, mujeres hechas a si mismas, luchadoras enfrentadas a muchos molinos de viento empeñados con sus aspas en producir contracorrientes en su lucha por la igualdad. Por eso me siento especialmente identificada con este galardón, por su sentido y por la mujer a la que honra.
Son muchos los años que llevo trabajando codo con codo con las mujeres rurales para abrir una brecha de luz en un horizonte difícil, desigual y poco dado a alabar las cualidades y potencial femenino. Pero ellas han demostrado que “al bien hacer jamás le falta premio”, realizando una labor callada pero muy efectiva que las ha llevado hasta el día de hoy a ser verdaderas artífices del desarrollo y la diversificación de las actividades relacionadas con el mundo rural. Sin ellas el futuro de los pueblos sería inexistente, lo mismo que no existiría Don Quijote sin Dulcinea, “porque el caballero… sin amores era árbol sin hojas y sin fruto, y cuerpo sin alma”.
Eternas trabajadoras, humildes mujeres de la tierra, cansadas de pocas oportunidades y menos esperanzas, las mujeres rurales siguen pidiendo que las acompañemos en este arduo camino dejándolas que sean ellas las que marquen sus destinos.
Como decía Cervantes por boca de su ilustre protagonista, “dad crédito a las obras y no a las palabras”. Estas mujeres merecen nuestro crédito, mujeres que han creado empresas, que han potenciado y explotado desde el punto de vista empresarial las tradiciones y recursos de sus zonas, como en su día las “cantareras” de Mota, que sólo ellas practicaban el oficio de la alfarería, mujeres que ya pueden poseer la tierra gracias a su trabajo y mujeres que están cambiando estructuras anquilosadas y poco productivas.
Como “cada uno es artífice de su propia ventura”, las mujeres rurales han sabido hacer causa común frente a la adversidad. Mirad a vuestro alrededor, tal vez haya una mujer rural librando batallas contra un destino que no eligió. Tal vez quiera subirse a lomos de un noble corcel y pelear en otras guerras que le den la gloria y la satisfacción que le negó la sociedad cuando decidió, hace muchos años, que la mujer estaría soterrada y relegada.
Dulcinea también ostentó un papel secundario, hay quien dice que inexistente, en la obra del magnífico escritor. Pero brilló con luz propia aportando frescura y esperanza a la enferma mente del Hidalgo que sólo deseaba ofrecerle batallas vencidas y conquistas por doquier. Mujer en la sombra digna de un protagonismo merecido. Así son muchas de nuestras mujeres rurales contemporáneas.


“Así, hasta henchir un pipote,
aquí lloró don Quijote
ausencias de Dulcinea del Toboso”
(I, cap. 26)

Por mi relación con ellas, es un verdadero honor sentirme hoy Dulcinea y recojo este galardón en nombre de todas las mujeres del medio rural, a las que agradezco su tesón y empeño. Les dedico este nombramiento a todas las que día a día remueven los cimientos de una sociedad que no siempre les ha dado su mejor cara. Por todas ellas y para ellas, muchas gracias al pueblo de Mota del Cuervo y a la Asociación de Amigos de los Molinos por otorgarme un premio con el que me siento tan identificada.
Y ahora, con la venia de todos, les deseo buenas noches y que disfruten de las celebraciones.

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