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Revista 17

ENTREVISTA CON EL PRESIDENTE DE HONOR D. JOSÉ ZARCO CASTELLANO

  • III Época
  • Julio 2005
  • Por Aspas Manchegas
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La Entrevista:

- Querido José, me gustaría nos dijeras qué vinculación afectiva tienes con los molinos de viento de nuestro pueblo.
- Verás. Sabía por mi abuelo paterno Salomón, uno de los últimos molineros de La Mota, que él descendía de casta de molineros. Su bisabuelo fue molinero y carpintero constructor de molinos. Fue propietario de dos molinos en nuestra «Sierra». La carpintería la tuvo en la plaza del Toril, hoy Cervantes. Este antepasado mío: Segundo Zarco-Bacas, era mi retatarabuelo; que así se dice a esta figura familiar.

- ¿Cómo se llamaba el molino de tu abuelo?
- Los molinos en sí, salvo «el Zurdo», por la razón de todos conocida, no solían tener nombre propio y se les denominaba por el nombre o los apodos de los molineros. Había alguna excepción como uno de tu abuelo que se le conocía por «el Corralillo»; situado donde después levantamos «el Goethe», dedicado a Alemania. El de mi familia era conocido como el de Trifón, que heredaron mi tío abuelo Toribio y su hermano Salomón, mi abuelo. Por cierto, Salomón Jiménez, molinero al que tú le hiciste una de las primeras entrevistas, llegó a decirme, en los primeros tiempos de nuestra Asociación y últimos de su vida, que dicho molino era algo mayor que los otros y más ancho, por lo que dieron en llamarle «el Pintón». Situado al poniente de «la Molineta», molino más pequeño y que sólo tenía dos aspas. Muy cerca estaba «el Veterano» , de la familia de Herminio Peñalver.

- ¿Recuerdas quiénes formaban la Directiva cuando te hiciste cargo de ella?
- Fuisteis los mismos de Piqueras. Sólo dimitió Luis Lucas González, quien ostentaba el cargo de contador. Alegó que no se sentía con ilusión para continuar en la directiva faltando Piqueras, a quien añoraba.

Fueron entrando en ella amigos tan entrañables como: Pedro Pablo Lillo López-Valencia , Juan Antonio Martínez Muñoz, Joaquín Marrodán Lodares, Joaquín Barquero y Rafael Gismero (padre). Este último nos fue muy valioso a la hora de levantar nuestro primer molino: «El Piqueras», y me consta que su ilusión y entusiasmo perduraron durante toda su vida.

- ¿Cuál fue la meta que te propusiste al hacerte cargo de la presidencia?
- Cumplir lo que consta en los estatutos: tratar de levantar el mayor número posible de molinos sobre los emplazamientos en donde los hubo en otro tiempo y cuidarlos, para que no volviese a ocurrirles lo que a aquellos. También la creación del «Museo Manchego» que fue un sueños precioso, pero que no llegó a cuajar. Pero de nuestro entusiasmo y a pesar de las dificultades, puesto que todos teníamos una vida muy activa que nos absorbía casi todo el tiempo, ahí quedaron los molinos: «Piqueras», «Cervantes», «Goethe», «Fran Grilparzer» y «Daudet» levantados durante mi gestión. El otro, el dedicado al Iraq, ya fue erigido siendo presidente mi sucesor D. Miguel Palacios Massó.
- El caso de este molino iraquí, que fue sufragado por la Embajada del Iraq merece un capítulo aparte. Rompió con lo acordado por los fundadores de la Asociación, pero ahí quedó un molino más en nuestro «Balcón de la Mancha», en nuestra «Sierra».
- Dime ahora, José: ¿Qué relaciones tuvisteis con los pueblos molineros de nuestro entorno y cómo fueron?
- Muy cordiales. El primer contacto lo tuve con Consuegra con motivo de la «1ª Molienda de la Paz», en el molino «Sancho» y la celebración de la «Fiesta de la Rosa del Azafrán» a donde acudí en representación de nuestra Asociación y del Ayuntamiento de nuestro pueblo, por delegación de su alcalde: D. Cipriano Palacios. Nació allí una muy buena amistad y relación entre molineros consaburenses y moteños, que aún perdura. Tuve la dicha de conocer también al mayor Quijote universal de todos los Quijotes, al enamorado número uno de La Mancha, a D. Oskar A. Dignoes, por entonces Director de la Oficina de Turismo de Austria en Madrid. Oskar tenía un alfar en Consuegra y en él, alrededor del hogar de su cocina, tenían lugar, promovidas por el periodista Conrado Blanco, las veladas poéticas que él llamó «Alforjas para la Poesía».

- Yo asistí a una de ellas y disfruté de lo lindo. En aquella velada intervino nuestro añorado Federico Muelas.
- Sí, solían participar con Federico poetas de la talla de Gil de Alvareda, Eladio Cabañero, Luis López Anglada y otros que con su facundia y chispeante ingenio hacían amenísimas las reuniones.
- Fue Oskar quien me aconsejó que debíamos relacionarnos con los demás pueblos molineros; ya que sería de cortos vuelos el ser localistas y hacer una labor sólo de campanario. Contaba Oskar con numerosos e influyentes amigos en toda La Mancha y nos puso en contacto , entre otros, con el alcalde de Campo de Criptana y poeta José González Lara; más tarde Molinero de Honor de nuestra Asociación. También con los de Alcázar de San Juan, primero con José Mª. Aparicio Arce y después con Eugenio Molina Muñoz, entusiasta restaurador de sus molinos. Con todos ellos y con Pedro Albacete, de Consuegra, tuvimos varios encuentros molineros muy interesantes.

- Dime alguna anécdota molineril.
- Recuerdo la ocurrida en la inauguración del «Goethe». Aún no habían terminado de salir barriendo algunos directivos por la puerta del sur, cuando por la norte entrábamos los demás acompañando al embajador y personalidades de su séquito. Mientras, dos jóvenes estudiantes alemanes que andando por nuestra Mancha coincidieron con el evento, devoraban sendas sardinas saladas con cabeza y vísceras incluidas entre exclamaciones de satisfacción, al encontrarlas de su gusto, y la sorna guasona de los que les cotemplaban. Esto me parece que ya lo has contado en otra ocasión.
Debo aclarar, para los que vean solamente una puerta en ellos ahora, que nuestros molinos los hicimos como los originales, con dos puertas, por aquello de la posición de las aspas según soplase Eolo y la seguridad al tener que entrar o salir.
Pero me gustaría narrarte una que me contó mi abuelo de sus tiempos de molinero, pues tuve la dicha de poder disfrutar de su compañía.

- Cuéntame, cuéntame.
- Fue un percance sufrido por su hermano, mi tío abuelo Toribio, y que estuvo rodeado de circunstancias melodramáticas y alguna tragicómica.
Estaban un día moliendo cuando mi abuelo vio que el molino había atrapado a su hermano y que lo iba a matar.
Comenzó a gritar pidiendo socorro a la vez que , contra todo lo recomendado, tiró con fuerza del freno y paró en seco la molienda. Acudió presto un parroquiano que estaba en la planta baja descargando cebada, pero los dos solos no podían conseguir arrancar su presa al molino. Mi abuelo asomado a una de la ventanillas no dejaba de vocear pidiendo auxilio. A sus voces y al ver parar las aspas bruscamente acudieron presurosos tus tíos Espiridión y Benedicto, que estaban en «el Corralillo» uno de los tres molinos de su padre, tu abuelo Doroteo. Entre los cuatro, y con la fuerza y habilidad que debieron prestarles sus ángeles, pudieron arrancar de las fauces del molino al atrapado, quien presentaba unos desgarrones tremendos y perdía mucha sangre. Anochecía y a lomos de un borrico lo bajaron a casa de D. Lucas Izquierdo, uno de los dos médicos del pueblo, quien comenzó a curarlo a la luz de un candil, sin apenas medios y sin anestesia alguna le hizo una operación fabulosa. Tuvo que desplazarle la piel haciéndole una incisión por el centro del tórax. Al darle el corte el herido gritó: «máteme usted que ya no puedo más». En aquel momento, el que sostenía el candil se desmayó y cayendo al suelo se apagó la poca luz que tenían. Luego el herido estuvo entre la vida y la muerte unos veinte días con una fiebre altísima que hoy sabemos fue producida por una septicemia, pero entonces no. Tampoco contaban con sulfamidas, ni antibióticos, sólo la fuerte naturaleza de aquel hombre y la ayuda sobrenatural. Llegué, siendo estudiante de medicina, a ver aquellas tremendas cicatrices y quedé maravillado de la destreza de aquel médico que las curó.

- Háblame de las gestiones que se hicieron siendo tu presidente para la erección del Monumento a D. Quijote.
- De aquello hace ya más de cuarenta años. Ahora es cuando se tenían que haber movido los hilos aprovechando la ocasión de IV Centenario. No obstante recuerdo que sostuvimos muchas reuniones en Madrid, que en una de ellas Urbano, que estaba muy vinculado a la Hermandad Nacional de Labradores, propuso que se solicitase a cada pueblo de España aportar una reja de arado para hacer un monumento a D. Quijote, ya que tenía que tener una estructura metálica. Fue una de las ideas que se dieron. Nos reunimos varias veces en el estudio de Víctor de los Ríos, autor del monumento al Maestro, (luego también a «El Pastor») y en una de ellas, a las que asistieron autoridades de Cuenca y unas veinte personas importantes de Madrid, entre las que estaba León Herrera, del Ministerio de Información y Turismo, nos fue presentada la maqueta realizada por Víctor. Todos muy ilusionados y opinando sobre cómo se podría materializar la idea, pero lo cierto es que el monumento no se hizo; quizá porque cesó alguna de las personas interesadas; no sé, ya no recuerdo. Lo cierto es que por entonces se armó un gran revuelo del que se hizo eco hasta la prensa internacional: Le Figaró, de París, del 2 de diciembre de 1964, escribía sobre Mota del Cuervo, Criptana y Consuegra como posibles emplazamientos del monumento. El ABC, de Madrid, estuvo publicando a diario desde noviembre del 64 a enero de 1965, las opiniones que recibía desde distintos lugares de España sobre el monumento a D. Quijote. Pero...

- Siendo Arturo, mi hijo, presidente se intentó resucitar de nuevo el tema contactando esta vez con el discípulo de De los Ríos, el leonés José Ajenjo, quien realizo una nueva maqueta que fue presentada al actual Ayuntamiento y a D. José Bono, a la sazón Presidente de nuestra Comunidad, el mismo día que puso la primera piedra para levantar un nuevo molino. Después, hasta la fecha, como siempre: silencio; nada.
- Para terminar quisiera que como Presidente de Honor de nuestra Asociación nos dijeras como ves tú la marcha actual de la misma y qué nos recomendarías a la actual Directiva, en la cual pienso cesar pronto, al cumplir mis de cincuenta años en ella.

- Estoy bastante apartado y no sé bien como marcháis ahora, pero me atrevo a aconsejaros que no cejéis y le pongáis la ilusión que siempre nos animó. Tú sabes que atravesamos tiempos muy difíciles, pues éramos pocos y sin apenas medios. Hoy contáis con muchas posibilidades, incluso económicas y con un buen número de socios.

- Sí. Estamos por encima de los 400.
- Muchísimas más personas y con mayor poder adquisitivo. Contáis con teléfono, fotocopiadora y hasta un ordenador, lo que entonces no podíamos ni soñar. Trabajad con tesón, entusiasmo y tino. No os trivialiceis, intentar reanudar el contacto con las Embajadas, entidades de todo tipo: sociales, económicas y culturales sobre todo; y, para ello, no creo que sea preciso recurrir a políticos de gran altura. Hay que conseguir hacer realidad el sueño de ver los veintitantos molinos de antaño, el monumento a D. Quijote del que hablamos con Víctor de los Ríos y la ciudad de los Molinos de la que hablabais estos últimos años. Sería una pena perder la magnífica oportunidad que nos brinda la conmemoración del IV Centenario; ya que por nuestros desvelos y trayectoria de cincuenta años luchando en pro de los Gigantes que quiso abatir el valeroso, enamorado y esforzado D.Quijote deberíamos ser protagonistas, y no meros espectadores relegados a un segundo o tercer plano detrás de Consuegra, Campo de Criptana, Alcázar u otro lugar de La Mancha.
Muy bien José, muchas gracias.

ARTURO VALERO ZARCO
31 de octubre de 2004.

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