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Revista 16

Vicente Manjavacas Cobo, Carpintero de profesión y Molinero de vocación

  • III Época
  • Diciembre 2004
  • Por Aspas Manchegas
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Entrevista:
A.M.- ¿Desde cuando estás dedicado a la carpintería?
V.M.- Desde el año 1958, que empecé con Gregorio López, como aprendiz. Luego pasé a trabajar con Adolfo Ramos, entonces tenía 16 años y permanecí con él hasta que me marché al servicio militar. Después estuve con Emiliano Moreno, con quien estuve unos meses, coincidiendo con la reconstrucción de los primeros molinos de Mota y también de Alcázar de San Juan. Posteriormente volví a trabajar con Adolfo, aquí, en Mota, reconstruyendo el molino de Austria y el de Alemania. La familia Moreno fue mi siguiente destino, pero esta vez con Pepe, la faena estaba entonces fuera del pueblo, en Campo de Criptana y Malanquillla (Zaragoza). Recalé en el Ayuntamiento hacia 1990, haciendo las puertas y ventanillos de los molinos con Luis Miguel Díaz Moreno, por encargo del entonces alcalde Primitivo Cano.
A.M.- ¿Quién te ha enseñado más?
V.M.- Todos ha sido importantes en mi aprendizaje como carpintero, pero, creo, que la adquisición de conocimientos va ligada a dos aspectos, por una lado depende del máximo tiempo que pases con quien te enseña y, por otro, de la edad que tengas para entender y aplicar lo aprendido. He conocido una época en la que había bastantes carpinteros de molinos y hoy, apenas existen, ya que los que se dedican a este oficio en Mota, son muy pocos quizás porque ha coincidido con un momento -años atrás- en que esto no le interesaba a los pueblos, todo lo contrario que sucede ahora, de lo cual me alegro.
A.M.- Entonces, ¿ te consideras molinero ?
V.M.- No, soy carpintero, pero ejerzo como molinero en distintos momentos, haciendo lo mejor que se y poniendo mis conocimientos, energías e ilusiones en esa labor.
A.M.- Pasando un rato contigo cuando hay faena, uno se da cuenta de que dominas perfectamente todo el vocabulario relativo al molino.
V.M.- Pues sí, me gusta nombrar a cada cosa por su nombre, así hacemos que este lenguaje no se pierda: la cárcel, el lechinal, el muerto, el pijote,...etc, además de los vientos conocidos (ábrego, solano, cierzo...); sabes que de aquí, era el término «belmontejo», porque designaba el aire que venía de Belmonte; al igual que en Consuegra se le llama a otro viento «villacañero»; además observo mucho su comportamiento y tengo comprobado como el solano sopla más en días nones y cuando se va a cambiar al norte, por ejemplo, no lo hace de súbito, sino que vuelve sobre sus paso hasta que lo hace.
A.M.- ¿Cuál es la mayor satisfacción que has tenido carpintero-molinero?
V.M.- Conseguir que un molino, en Mota, muela, además de mantenerlo y cuidarlo para que continúe funcionando.
A.M.- ¿Has realizado algunas innovaciones en el molino donde se muele?
V.M.- Sí, y creo que muy útiles, ya que todas ellas tienen como fin el facilitar las distintas tareas que en él se ejercitan, como la de poner y quitar los lienzos en las aspas, por medio de unas cuerdas transversales, se iza el lienzo y, luego, se sujeta fuertemente con unas gomas gruesas, pero a partir de 2 metros, evitando el peligro de subir a lo alto para colocarlas. Para retirarlas, se tira de otra cuerda y quita una parte de las gomas y la otra mitad, se retira con la mano.
A.M.- ¿Cómo están nuestros molinos de «salud»?
V.M.- Están bien, en general, aunque les faltan cosas por hacer, sobre todo el mantenimiento más constante de la madera, de ahí el deterioro de las aspas de algunos, o ponerles los hitos de amarre, como se los he puesto al que muele.
A.M.- ¿Qué trabajo estás desarrollando en al actualidad?
V.M.- Se ha restaurado la capota del Irak y ahora seguimos con la del Austria, además de dar un repaso a las aspas del que muele, que habían perdido algo de giro; es el que más cuidados requiere si queremos que siga haciendo su función.
A.M.- Parece que el Ayuntamiento va a realizar una restauración profunda de los molinos de cara al año 2005, ¿qué te parece esa iniciativa?
V.M.- Bien ya que yo tengo demasiada faena en el Ayuntamiento y no puedo hacerlo como quisiera, además de estar solo en las restauraciones que se hacen; pero aquí estoy para colaborar con quien venga a restaurarlos.
A.M.- Qué se puede hacer con el resto de molinos que están cerrados.
V.M.- Podríamos darle algún uso para que tengan vida en su interior, creo yo; uno sería una especie de merendero para picar y tomar algo, otro un museo vivo de piezas del molino y el de los servicios para los visitantes, que hacen mucha falta.
A.M.- Y para el año 2005, ¿qué perspectivas ves para los molinos?
V.M.- Buenas, si los políticos cumplen las expectativas que hay, espero que todo salga bien y nos esforcemos para ello, así nuestros molinos serán conocidos en todo el mundo.
A.M.- Y la idea de la Asociación de moler todos los domingos que se puedan en el 2005.
V.M.- Estupenda, pero eso requiere una colaboración más estrecha entre todos y contar con que el viento sople, pues es el principal elemento de esta historia.
A.M.- En los años que llevas trabajando en los molinos, has tenido la ocasión de ver a muchas televisiones, nacionales y extranjeras, hacer reportajes de nuestros molinos; ¿qué opinión te merece esto?
V.M.- Yo creo que los molinos son unos grandes desconocidos, tanto dentro como fuera de Mota; la labor de las televisiones me parece positiva, dado que ayudan a llevar nuestra cultura molinera por todo el mundo y ahora es, cuando, creo que, se conocen más.
A.M.- Para terminar, cuéntanos un anécdota de tu, ya larga, relación con los molinos.
V.M.- En los años 60 cuando subíamos la rueda catalina del molino de Alemania rodando desde el pueblo o cuando Feliciano, el que fue Alcalde, me dijo que se iba a reconstruir un molino y yo le dije que sí, pero con la condición de que moliese, y no para tenerlo de visita solamente, para que moliese de verdad; y aquí está.
Nuestra charla termina aquí, pero antes de marcharnos, Vicente, nos hace dos recomendaciones; la primera que podría estar contándonos historias mucho tiempo, y la segunda, nos dice que a ver que ponemos en esta entrevista, que los censores venían de Quintanar... o, al menos así lo tiene oído él.

Zacarías López-Barrajón Barrios

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