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Revista 16

Miguel de Cervantes: Fundamento de la Asociación de Amigos de los Molinos

  • III Época
  • Diciembre 2004
  • Por Aspas Manchegas
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De no haber existido Cervantes y no haber escrito el capítulo VIIIº de su magna obra no hubiesen surgido las asociaciones e inquietudes en torno a nuestros molinos de viento y hubieran perecido, fruto del olvido, como meros instrumentos al servicio del hombre.
Miguel de Cervantes Saavedra fue un fruto de su tiempo. Nace en 1.547 en la España de nuestro Rey-Emperador, el césar Carlos, el nieto de los Reyes Católicos.
Tiempos revueltos: La reforma protestante, las guerras de religión en Europa; dos años antes, en 1.545, Paulo III ha convocado el Concilio de Trento. En España viven en plenitud Santo Tomás de Villanueva (manchego, de Fuenllana) San Ignacio de Loyola, San Juan de Dios, San Pedro de Alcántara, San Alonso de Orozco, San Juan de Ávila, San Francisco Javier, San Francisco de Borja, Santa Teresa de Jesús, San Luis Beltrán y muy jóvenes, San Alonso Rodríguez, San Juan de Ribera, Santo Toribio de Mogrovejo, San Pascual Bailón y un niño de cinco años que jugaba por las calles de Fontiveros, que será después San Juan de la Cruz.
En el auge de las letras: Lope de Rueda, Fray Luis de Granada, Santa Teresa, Gutierre de Cetina y un joven estudiante en los agustinos de Salamanca, nuestro belmonteño Fray Luis de León. Poco después llegarán a aquel convento, posiblemente atraídos por la fama de Fray Luis y por el paisanaje, Gabriel y Gaspar de Saona. Eran hermanos e hijos de este pueblo: La Mota del Cuervo, que habrían de ser, el primero catedrático de Filosofía en la incipiente Universidad de Lima. Después pasó a Quito, donde murió. Fue uno de los apóstoles de América y fue proclamado Venerable por la Iglesia. Gaspar, su hermano, ocupó cátedras en las Universidades de Lérida y Barcelona y fue visitador general de su orden, los agustinos, para toda España. ¡SU PUEBLO no les ha dedicado aún una calle !
Están en la cumbre de su fama Luis Morales (el «Divino»), Juan de Juanes y Sánchez Coello.
Mientras tanto, España, como siempre, es un país de contrastes. Por una parte es un pueblo trabajador: sobrio, recio de costumbres, de cristianos viejos, pero también de picaresca, de jugadores de fortuna, de soldadesca que parte a Flandes o a América en busca de gloria o de aventuras. En definitiva: grandeza y miseria juntas.
Este es el panorama que va a ir encontrando en la infancia nuestro Cervantes. Cuando cumple nueve años (1.556) en Bruselas abdica Carlos I en su hijo Felipe II la corona de las Españas y territorios de allende la mar océana, fallece San Ignacio de Loyola y nace San José de Calasanz.
Sería muy prolijo ni siquiera esbozar la «Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes» como la tituló nuestro ilustre paisano Astrana Marín, pero no quiero dejar pasar dos circunstancias que considero transcendentes en su vida y en la gestación del Quijote. Cuando vuelve del cautiverio de Argel, ya mutilado, solicita una plaza para marcharse a América. España estaba consolidando la conquista y la evangelización de aquellas tierras en la empresa más grande de su historia, llevando una nueva civilización a un mundo desconocido. Le fue denegada la petición. El segundo hecho es que sí le fue concedido ser alcabalero de S.M., por lo cual conoció «palmo a palmo» y «hombre a hombre» con toda precisión nuestra región manchega. ¡Quien sabe si se cruzó en algún camino o en alguna venta con Santa Teresa, la «Santa andariega» cuando anduvo por estas tierras para fundar los conventos de Malagón y después cruzar a Villanueva de la Jara por El Toboso pernoctando en Manjavacas en la venta propiedad de la encomienda de Vejezate. Estas dos peticiones al rey Felipe II, una denegada y otra aprobada dieron, sin duda, la gestación del Quijote, la obra más grande de la literatura universal y por la que estamos aquí reunidos.
Pero avancemos. Tenemos a la vuelta de la esquina el año 2.005, el cuatrocientos aniversario de la publicación de la primera parte del Quijote. En aquella fecha, (1.605) ya han surgido grandes «plumas»: Alonso de Ercilla, Juan de Mariana, San Juan de la Cruz, Mateo Alemán, Vicente Espinel, Luis de Góngora, Lope de Vega (el más admirado por Cervantes al que denominó «Monstruo de la Naturaleza», Tirso de Molina, Vélez de Guevara y un Francisco de Quevedo con veinticinco años. Calderón tenía cinco años, coincidentemente los mismos que San Juan de la» Cruz cuando nació Cervantes. Triunfan en pintura Herrera «El Viejo» y El Greco; ya en Toledo, en todo su apogeo. Los Arfe y los Becerril nos dejan obras maestras en orfebrería. Ha surgido una pléyade de genios difícil de igualar. Ha transcurrido todo el reinado de Felipe II, con días de gloria en San Quintín y Lepanto (la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, presentes y venideros, según D. Miguel) y el desastre de la Invencible, en donde milagrosamente salvó la vida Lope de Vega. Ya está terminado el monasterio de El Escorial y reina Felipe III.
Cervantes, cuando publica el Quijote ha vivido toda una vida, cincuenta y ocho años de aquellos, y ¡cómo los vivió! y lo plasma en su obra, es un cronista de hechos y experiencias vividas. Pero volvamos a lo nuestro, despertemos de nuestro sueño.
Dentro de poco más de un año tendremos (D.m.) el cuarto centenario del Quijote, como dije anteriormente. Todas las asociaciones cervantinas y molineras tenemos la obligación moral de participar en la organización de los actos que con tal motivo se lleven acabo, de una manera positiva, aportando nuestras ilusiones, nuestros afanes, nuestros proyectos, sin pequeños celos, UNIDOS, para enaltecer a Cervantes ya su obra porque con ella elevó a la Mancha y a España a categoría universal.
Para terminar, quiero resaltar una vez más (perdonar mi insistencia de viejo) que nuestra Asociación de Amigos de los Molinos fue creada por el capítulo VIII, curiosamente en el año 2.005 cumple el cincuenta aniversario de su fundación. Propongo a los directivos actuales que en los actos que deben organizarse con tal acontecimiento se nombre «Quijote Universal» (a título póstumo a D. Joaquín Piqueras, su creador, su quijote, yo diría más: su «padre» y su madre a la vez, a quien tuve el honor de suceder en la presidencia de dicha entidad a su fallecimiento en plena madurez, tenía 56 años! cuando todavía se podían esperar de él muchos y muy buenos frutos.

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