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Revista 16

EL QUIJOTE (Versión actualizada) por Julio Penedo

  • III Época
  • Diciembre 2004
  • Por Aspas Manchegas
  • 134 lecturas

Bajándose de sus cabalgaduras, Don Quijote y Sancho fueron bien recibidos por los cabreros que, en ese momento, se disponían a cenar una caldereta de carne de cabra, invitándolos a acompañarlos, ofreciéndole asiento a Don Quijote, sobre un tornajo vuelto al revés, dejando a Sancho en pie.
Corrióse Don Quijote a un lado de su tornajo y mandó a Sancho que se sentase en él.
- ¡Gran merced! -dijo Sancho, pero pienso comer de pie, pues eso de comer sentado, mascar despacio, beber poco, limpiarme a menudo, no estornudar ni toser si me viene en gana, me sienta fatal.
- Con todo eso, te has de sentar - y asiéndolo por un brazo, le forzó a acomodarse junto a él.
Después de haberse zampado las tajadas de la sabrosa caldereta, hubo de postre queso (un poco duro) y bellotas. Y el cuerno que contenía el vino no dejaba de pasar de mano en mano.
Don Quijote, emocionado por tanto agasajo, les echó una arenga, ensalzándoles los productos naturales que aún se encontraban por el campo, las aguas transparentes que les ofrecían las claras fuentes, las cortezas que desprendían los alcornoques, con las que se servían para proteger del frío sus hogares... anticipándose en cuatrocientos años (IV Centenario, que se celebra ahora) en predecir el futuro de los productos enlatados, de las aguas envasadas y del aire acondicionado, que tantos quebrantos causa a la salud, desde el simple resfriado a la pulmonía doble.
En compensación, los cabreros, que tampoco eran mancos, decidieron darle contento a Don Quijote, ofreciéndole en directo la actuación de un cantautor (Antonio) de veintidós años, que sabía tañer el rabel como Paco de Lucía la guitarra.
Después de cantar una larga y aburrida romanza, Don Quijote quedó tan prendado que le pidió otra, otra, otra... a lo que Sancho se opuso diciéndole que él estaba más para dormirse que para canciones; además, el trabajo que los cabreros tienen todo el día no les permite pasar las noches cantando.
Y diciendo ésto, después de tomarse Don Quijote un vaso de leche de cabra semidesnatada y Sancho un vaso de leche entera, se recostaron sobre una piel de oveja y se quedaron dormidos.

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