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Revista 15

EL QUIJOTE (Versión actualizada) por Julio Penedo

  • III Época
  • Abril 2004. Extraordinario
  • Por Aspas Manchegas
  • 132 lecturas

Dejamos a Don Quijote y a Sancho comiendo a la carta, en un mesón de Puerto Lápice, a falta del menú del día, por ser sábado, y dispuestos a pedir el libro de reclamaciones,si la cuenta subía demasiado.
Enterado de sus pretensiones, el ventero se avino a cobrarles ocho euros (menos de ocho dólares, según el cambio de ese día) a cada uno, incluyendo café y postre, el farias lo tuvieron que pagar aparte,a lo que ellos accedieron de buen talante.
Como a Cervantes le faltaban referencias sobre la continuación de esta historia, se puso en busca de noticias de lo que le faltaba,y en Toledo se tropezó con un muchacho que llevaba una carpeta llena de papeles viejos, en los que se refería a «Dulcinea» del Toboso, como experta en salar puercos.
Le compró al chaval los papeles por medio real (valían mucho más, pero el dueño no lo sabía) y se buscó a un moro traductor (los papeles estaban escritos en árabe) y lo llevó a su casa para que se los tradujese al castellano, por lo cual el morisco le cobró cuarto y mitad de palomitas y dos fanegas de quicos.
Los papeles estaban firmados por un tal Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo y se referían a la Historia de Don Quijote de la Mancha.
Y la historia seguía así:
Viendo Sancho que Don Quijote seguía vivo (le preguntó si ya no era hora de que le diese el mando de la ínsula prometida, pues él se sentía con fuerzas suficientes para gobernar, basándose en el nivel de los actuales presidentes autonómicos, a lo cual le respondió Don Quijote:
- Esta aventura y otras semejantes no son aventuras de ínsulas, sino de encrucijadas. Tened paciencia y día llegará en que si faltase una ínsula ahí está el reino de Dinamarca, sin ir más lejos, que te vendría como anillo al dedo y más por estar en tierra firme.
Como Don Quijote andaba dolorido de las heridas sufridas, sobre todo en la oreja que llevaba colgando, se acordó del bálsamo de Fierabrás, de efectos mucho más eficaces que las actuales cortisonas, penicilinas e incluso que las sesiones de radioterapia, pues si a uno lo cortaban en dos con una espada, al unirlo y bebiendo dos tragos del famoso bálsamo, quedaba sellado y sano como antes de partirse.
A este comentario, Sancho dijo que ya no quería ser presidente autonómico de ínsula alguna. Prefería que le diese la fórmula para fabricar el bálsamo y comercializarlo, confiando en que se lo incluirían entre los medicamentos que se pueden recetar a través de la Seguridad Social.
Don Quijote contestó:
- Calla, amigo, que mayores secretos pienso enseñarte y mayores mercedes hacerte. Ahora cúrame la oreja con los medicamentos que llevas en las alforjas.
Y Sancho Panza le lavó la oreja con un chorro de vino blanco y le puso una tirita.
Como llevaban mucho tiempo andando y sin comer, Don Quijote propuso pasar la noche en un castillo (luego paradores) donde podrían cenar en manteles y dormir en confortables camas.
Pero se les hizo de noche, sin hallar castillo alguno, junto a las chozas de unos cabreros, decidiendo pasarla allí.

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