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Revista 15

Emilio Morales con fondo de Molinos

  • III Época
  • Abril 2004. Extraordinario
  • Por Aspas Manchegas
  • 128 lecturas

Como si lo hubiera soñado, o más aún, como si fuera un personaje del Quijote, paralelo a todos los mencionados, en el diccionario del hombre de la Mancha, Emilio Morales, el moteño que da la vuelta al mundo de lo pictórico, siempre entre claros molinos, dibujando, nos trae hoy esos voluptuosos «gigantes», hijos de Briareo, aquel que desafió en el capítulo octavo a don Quijote, cuando soplaba el viento como ahora a veces - cuando los contertulios de la Asociación de los Molinos -, Quijote gritó entre los silencios del viento entre morado y rojo_
- Pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar.
Y así fue, y Morales lo sabe, el caballero encomendándose a su señora Dulcinea, cubierto de rodela, lanza en ristre, atacó las aspas y «¡Váleme Dios!», dijo Sancho,
Jamás se quejó de dolor. Y así resulta que Morales copia, entre el sueño y la realidad, ese alfabeto de hermosura, aspas al viento, que dicta el molino en cuanto sopla el viento, ayudando a la molienda. Ese es el destino de los herederos del Quijote: la belleza de la molienda en el cerro de los Molinos, al atardecer o al amanecer, que la luz, a esas horas emociona y conmociona como si fuera una mixtura salvaje, el tiempo y la eternidad, palabras tan distintas y tan hermosas.
Dejadme ver esos molinos del Morales moteño, que es el poeta invisible del molino, el verificador de las ruedas convertidas, el teclado del arco iris manchego.
Don Quijote nunca supo cuán sería recordado por los siglos de los siglos. Así, ahora, en este momento en el que la luz, siempre la luz, vertida entre aquellos versos, ¡Dios mío, hace ya cien años!, del maestro Juan Ramón Jiménez, acaso al volar, en mula, en diligencia, un día cualquiera bajo el manto estrellado de la Mancha, o a la sombra de los molinos en flor, cuando escribió, a su paso por Mota del Cuervo.
Se abre y se cierra mi cuerpo,
su imagen viene callada ...
¡Amor, amor, ¡ay! y cómo
me entras la vida en el alma!
Y Emilio Morales, con el viento albo de su pincel, haciendo esos blancos molinos, ... haciendo girar sus brazos felices, sus pinceles, en el aire.

Raúl Torres - «Molinero de Honor»
Escritor y miembro de la Real Academia de Artes y Letras de Cuenca

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