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Revista 12

UN PASEO POR LA VILLA DE SAN CLEMENTE

  • III Época
  • Agosto 2002
  • Por Aspas Manchegas
  • 112 lecturas

Un paseo por la villa de San Clemente invita a suturar nuestros sentidos de arte, arquitectura, monumentos y antiguos sabores, mezclados con los colores y olores de nuestra tierra La Mancha, y su "Ruta de Don Quijote" y la de sus molinos, con la que nos sentimos integrados con sus pueblos, como Mota del Cuervo con su Asociación Molinera.
Pasear por esta villa es parar el tiempo en el reloj y captar el máximo esplendor de sus monumentos. Pero al mismo tiempo, San Clemente ha sabido asimilar su historia y pasado y conjugarlo con un presente y futuro lleno de prosperidad en la cultura, el turismo, el comercio, la agricultura y ganadería y la industria.
Comenzamos nuestro paseo desde la monumental Plaza Mayor, Joya del Renacimiento Español, considerada como uno de los monumentos más bellos en nuestra Región, de tono imperial, altiva y generosa en su arquitectura de sillar, primorosamente cincelada por expertos maestros canteros.
Soportales con arcadas, como el Ayuntamiento, timbrado por regios blasones a modo de privilegio rodado en otra época y en otra medida, o la Audiencia Real.
La Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol, que queda exenta del resto de edificios, monumento declarado "Bien de Interés Cultural", al igual que el edificio del Ayuntamiento. Posee dos bellísimas puertas de acceso, al norte la de San Pedro y al sur la de Santiago.
El entorno se ordena en dos plazas: Mayor y del Pósito, que proporcionan un espacio urbano de gran armonía y calidad junto al Arco Romano, verdadera puerta que separa las dos plazas, esbelto y de hermosa hechura.
Plaza Mayor de la villa, escenario de encuentros y acontecimientos, que se han dado a lo largo de su historia: coso taurino, plaza de mercado, escenarios de Ferias y Procesiones. Hoy continua atesorando el espacio vital, donde late el corazón de San Clemente.
Continuamos caminando por la calle de Boteros, nombre que recibe en clara referencia gremial a los artesanos de botas, pellejos y odres de antaño. Aunque no encontramos ya ningún artesano botero, sí abundan tiendas, con sus escaparates y luminosos, verdadera arteria comercial de la villa.
Seguimos nuestro paseo y llegamos al Convento de las MM. Clarisas, que unido a su iglesia, forman un conjunto religioso monumental, que data del año 1540.
Desemboca nuestro paseo en la Plaza del Carmen, donde en una atractiva rinconada se erige el convento e Iglesia de las MM. Carmelitas, primera morada de descanso de Ntra. Sra. de Rus, Patrona y Alcaldesa Honoraria y Perpetua de la villa, en su peregrinar anual desde su Santuario hasta la población.
Nos dirijimos hacia la Plaza de los Frailes, donde se encuentra el monasterio e iglesia de San Francisco de estilo gótico, donde de su estructura sobresale la espadaña-campanario. Proseguimos el paseo por la calle del Marqués, cuya embocadura arranca y termina en la Plaza de los Frailes, según la dirección a seguir. Calle de trazado largo, angosto y adoquinado con un estilo medieval con la figura de la Torre Vieja a un lado y la Casa Palacio del S. XVIII de los Valdeguerrero, con tendencia rococó al otro.
Dejamos a un lado el escenario de la Torre Vieja y tomamos el camino del Arrabal. Antigua judería, arteria de acceso al centro de la población en su dirección nortesur, avenida empedrada, ruidosa, llena de dinamismo y vida. Comercios, entidades bancarias, casas solariegas, salpican en su jalonado recorrido.
Tomamos calle arriba la del Pósito. Surgen al paso enormes portadas de entrada a los patios de potentes Casas de Labranza, donde antaño las mulas se contaban a pares, lugar de cita para las faenas agrícolas.
Pósito de granos, antiguo seguro contra pedriscos, sequías y hambrunas. También lugar donde se ubican las carnicerías de la villa. Edificio regio, con grandes ventanales, en arcadas, fue morada también de la Benemérita y se muestra actualmente como Palacio de Justicia.
Bordeamos el edificio y nos encontramos con la Plaza de la Iglesia. Punto de encuentro para el juego de los niños de la villa, lugar muy transitado por estar ubicado, allí mismo el Centro de Salud, en un magnífico edificio cuya portada perteneció a la antigua sede de la Inquisición.
Continuamos adentrándonos, disfrutando por este espacio, que se extiende detrás de la iglesia, a los pies de la misma, con sus rinconadas evocadoras, casas solariegas, posadas y conventos. Esta vez corresponde el turno al Convento de las MM. Trinitarias, cuya portada trasera, restaurada, corresponde a la antigua capilla de San Nicolás, a la sombra de la imponente y parroquial torre.
San Clemente se muestra cambiante en su visión, como una vidriera con sus cristales de colores y la intensidad cambiante de la luz en el transcurso de las horas.
San Clemente durante el día es una población activa, dinámica, eficaz, mejorando continuamente su presente, con una proyección de progreso hacia el futuro.
Durante la noche o a la madrugada renace el otro San Clemente, el de los tañidos de las campanas, el de las piedras y los hierros de forja que sugieren al caminante innumerables paseos alternativos por sus calles y plazas, y que le transportan con facilidad a otros siglos y a otra época.

Herminia Esteso. Alcaldesa

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