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Revista 12

ELEGÍA POR LOS MOLINOS DE VIENTO

  • III Época
  • Agosto 2002
  • Por Aspas Manchegas
  • 113 lecturas

Ni el viento matacabras, ni el ábrego
con los hitos desalojados del cordel
mueven las aspas del putrefacto velamen.
Y el nocturno fantasma que vaga cerrero
cruzando por las tierras breñosas
en busca de calveros con estrellas de cal,
duerme soñando pertinaz, sin cantares
de maquinistas o empolvados molineros,
esportilleros surtidores de tolvas,
de saquiladas o encargados de la puñera.

Están los molinos derruidos y mudos.
Les duele a los muñones el decrepitar
del cardo seco que surge agresivo de los cimientos.
En un rincón, las piedras bóllegas tienen sueño
y arropadas con la pátina y el sebo reseco
que un día lubricaran su lento caminar,
van evocando entre hábiles lagartijas,
lúcidas y polvorientas ensoñaciones
de historietas de tunante molinero,
gravitantes por los cruceros del telar.

Los ejes de los molinos; alimento de la carcoma,
cuelgan desasidos de sus abrazaderas
sin apenas aspas, con las que el aire tantas veces
jugara a torbellinos de fonéticos bufidos
impartidos en ecos por los colindantes confines
-ausentes ahora de las huellas de borriquillos-,
cuyas tierras almacenan petrificadas
manchas de sangre de quijotescos lances
y quejidos lastimeros de escuderos,
rocinantes y caballeros andantes...

Lanzas astilladas, impunes, gravitan
allende la lluvia de miles de letras
esparcidas por el geométrico ensamblado
multicolor de silentes y macilentos
bancales, salpicados de rasos oteros
con míticos gigantes mutilados
y dormidos, hartos de lunas sin horizontes,
inutilizando los precisos aventamientos
del engendro de sabia vivificadora:
La alegría del albor al rotar las volanderas.

¡Oh molinos! ¡Tristes y decrépitos molinos...:!
Cúmulo de escombros bordados con telarañas,
catacumba de chascarrillos de pícaros harineros,
espejo quebrado de nuestras modernas técnicas
y señor de los vientos de otros tiempos.
Estrofa herida de no sé cuantas leyendas...
Siempre te veo derruido y triste molino
cuando en vacaciones subo a tus lomas.
Y al alba, entre la briza, imploro a Morfeo
para que goces en tus sueños lo que fue tu vida.

GREGORIO DE LA VEGIL
TÉCNICO MOLINERO. GETAFE

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