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Revista 12

"COSAS DE LA MOLINISTICA"

  • III Época
  • Agosto 2002
  • Por Aspas Manchegas
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Gregorio Prieto, que era un pintor de mucha talla, valdepeñero y arcangélico, para ser más triunfante sobre la duda de los pinceles, siempre que le preguntabas por sus aventuras en los espacios de tierra y cielo de la Mancha, que le procuraban el gozo de la esencialidad, nos decía con mucha solemnidad:

- Todo ello son "cosas de la molinística". Tenía mucha razón en aquellos tiempos, en los que el postismo se enredaba en los versos de Angel Crespo y Carlos Edmundo de Ory apadrinaba, junto a otros, de gran renombre en la Poesía, la novedosa factura postista.



"Cosas de la molinística" me decía a mis requerimientos mi amigo Gregorio Prieto, que no dejaba ni un molino enfermo o en desidia y abogaba por que todos se restauraran para belleza del paisaje. La Mancha, en Mota del Cuervo, en Criptana o en Consuegra, tenía un paisaje único: planos y ondulaciones, quebrando los confines infinitos y haciendo que en ellos, comenzaran a jugar los molinos de viento antañones, a veces descalabrados por los temporales ácidos y con soles, quemando las ventrudas panzas molineras hartas de soportar la cibera del Conde o de los pobres, que laboraban las tierras de la sacristanía.

"Eran cosas de la molinística". Y ahora que pasaron a la ligera los años y a Mota del Cuervo no se le cambió el nombre por el de "Mota de los ángeles", en lugar de Mota del Cuervo, como alguna vez se trató, en solemne reunión, con Palacios (padre) de "mesonero con mando en plaza", todavía me atrevo a utilizarla frase: "Cosas de la molinística".

La "Molinística" no era una palabra cualquiera, era una mística de la que muchos recibíamos testimonio de utilidad espiritual que nos hacía ser caballero, hidalgo, loco de atar, loco de enamorar, sustantivo laureado o adjetivo, en derrota, por tanto decomiso de honra en tiempos iconoclastas.

Yo creo que en otro tiempo, la "molinística" catapultó los ideales de una juventud, enfervorizada de esencialidad y mostró su rostro, al menos en La Mancha, quijotizado. Sólo eran posibles las grandes empresas; el destierro de la impotencia, la mezquindad, la pereza y la soberbia. Con este laicado de la "molinística" hemos vivido y seguimos soñando, cuando atravesamos, de tarde en tarde, estos horizontes que nunca se terminan en los que el sol es cómplice de la angelería que nos defiende.

Por eso vayamos de torre en torre, desde la de la Asunción criptana a la de San Miguel Arcángel, de Mota del Cuervo, servida la campana por un cura de término que llama todos los días a la resurrección de la mañana, en la que no hay cuervos que valgan, según dicho de la Antonia, la alfarera, que da cántaros para el agua a no sé cuantos euros, que no de realas, que ya no sirven para esta España democrática: "Cosas de la Molinística". Digo yo.

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